Este entretenido libro aborda –mediante testimonios, experiencia clínica y estudios- la compleja relación del ser humano con su peso a través de la mirada aguda de la sicóloga de CTO-UC Viviana Assadi y de la ágil pluma de la periodista Sofía Beuchat. A la venta el lunes 19 de julio junto a diario La Tercera.
Si bien muchas personas piensan que los rollos con el cuerpo tienen que ver con los kilos de más, “Sin rollos: Lo que la mente le hace al cuerpo y viceversa” nos demuestra que personas delgadas y a la vista de todos “felices y exitosas” pueden tener tantos problemas como alguien con sobrepeso.
Con las interrogantes ¿Cuántas veces a la semana se sube a una pesa? ¿O tiene una pesa y no se atreve a subirse? parte este interesante libro dirigido a todas las personas para quienes los kilos de “más” o “menos” sean un tema ya que en la actualidad la obesidad no es el único problema, también lo son la bulimia, la anorexia y la neurosis.
“A nosotras también nos ha pasado”, afirman en el prólogo. “Tuvimos sobrepeso en nuestra etapa escolar. La ropa de moda no nos quedaba bien. Nos dijeron gordas. No faltó quien nos controlara la comida. Un pololo exigía a una de nosotras que se subiera a la pesa frente a él; a la otra, un novio le dijo: ‘Serías tan regia si adelgazaras’. Hicimos esfuerzos tremendos por ser flacas y descubrimos que serlo tampoco era fácil. Entendimos que la sociedad te enjuicia, seas gorda o flaca, y que es mejor aprender a seguir el camino personal, sin que la mirada propia o ajena sobre el cuerpo limite la capacidad de gozar la vida. Comprendimos que cuidarse un poco es bueno y hace bien para el cuerpo y el alma, pero ser esclava de la facha nos hace enfermar a nosotros y a quienes nos rodean”.
Criando hijos obesos
Uno de los testimonios que llama la atención del libro es el de la madre de Felipe. “Me acuerdo cuando tenía 30 años. Fue una etapa súper agotadora. Tenía dos cabros chicos, de 4 y 2 años, cuando nació Felipe. Eran tiempos difíciles y empezamos a necesitar más plata, así que Carlos trabajaba mucho y llegaba tarde todos los días. Yo tenía que preocuparme de todo en la casa…Felipe era una guagua muy demandante, tenía hambre todo el día, y yo no podía más, no me daba la energía…la única manera de calmarlo era dándole papa o pasándole algo para comer. Lo mismo para dormir…. “Felipe, que hoy tiene 32 años, es un comedor nocturno. Es trabajólico y casi no almuerza, pero al llegar a su casa se come todo lo que hay en el refrigerador. Si no tiene el estómago pesado, no puede conciliar el sueño”.
“Para Felipe la comida es un inductor de sueño y así lo aprendió cuando era guagua, pero no ha hecho esa asociación. Su madre tampoco. Sobrepasadas por la maternidad, muchas mujeres echan mano a todos los recursos posibles, en forma bastante inocente, para hacer su vida más llevadera. No se imaginan que algo tan simple como hacer dormir a sus bebés dándoles leche puede generar en sus hijos un aprendizaje para toda la vida que será dañino para ellos”.
Los flacos también lo pasan mal
“Beatriz es una profesional exitosa. Tiene 45 años, dos hijos que están entrando en la adolescencia, un marido que es un pan de Dios, un cargo directivo, una casa grande, un auto ídem”.
“En las reuniones me preocupo de no comer nada. Me enferma ese asunto de llevar galletitas y café, cuando la idea de una reunión es trabajar. Te juro que trato de no fijarme en quién come y quién no, pero no puedo evitarlo…me desconcentran un poco. “A mí lo que me importa es que las cosas salgan rápido; lograr los objetivos y comenzar con otros…la gente que trabaja conmigo apenas me puede seguir el ritmo, y eso me desespera…No entienden que para tener éxito hay que trabajar. Siento que no se preocupan de nada más que de comer. Para mí, eso no es tema. Generalmente termino la pega, llego a mi casa, salgo a trotar, me como un plato de cereales mientras los niños comen, les ayudo con alguna tarea, reviso mis mails y a la cama. Porque a las seis de la mañana ya estoy levantando a todo el mundo. ¿Qué si no me canso? Bueno, debo reconocer que a veces me duele la cabeza, pero eso no me limita. Voy al gimnasio tres veces por semana y viene una señora por las noches a hacerme masajes. No entiendo a la gente que no se cuida. Para mí, mi cuerpo es mi fortaleza. Y además a mi marido le gusta que sea así”
“¿Se deja tiempo Beatriz para tener sexo? Claramente no. No quiere estar regia para su marido, sino para mantener su posición de poder. En su afán por controlarlo todo, no está dejando espacio en su vida para el placer. Se está secando ¿Será verdad que a su marido le gusta su manera de funcionar, como ella dice?
“Beatriz es una narcisa que goza sola. Está tan metida en su rendimiento que no es capaz de conectarse con su pareja. Y esta desconexión cruza también el resto de su vida. Su afán controlador no le permite vincularse con los demás en forma profunda. Ni con su marido ni con sus amigos ni con la gente que trabaja con ella. No tiene tiempo ni disposición mental para escuchar…Nadie puede entrar en el mundo o en el cuerpo de Beatriz, porque ella no se permite ninguna sensación de falta o de duda. Tiene problemas con la introducción de comida, de penes, de afecto, de inquietudes, de cualquier cosa que altere su orden”.
El libro estará próximamente a la venta el lunes 19 de julio junto a diario La Tercera.
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